Leonardo Tejada


Hernán Rodríguez Castelo lo describía así, Nació en la  capital de Cotopaxi, hijo de un célebre ebanista diseñador de muebles”, escribió, de puño y letra, Leonardo Tejada en unas páginas de recuento de su vida que me entregó, no recuerdo bien con qué ocasión y he conservado como precioso documento.
             Su padre fue don Virgilio, afamado trabajador de la talla artística y otras destrezas del oficio, que trasmitió a sus hijos y también a Leonardo, que, ya pintor famoso, haría con su hermano Miguel Angel obras de ebanistería y talla en los retablos de la iglesia de la Concepción de El Tocuyo, Estado de Lara, en Venezuela, y tallarían rosetones de madera para cubrir el cielo raso del recinto legislativo, por entonces huésped del Palacio de Carondelet. 
            “Tejada  pertenece a una familia de artistas tallistas de la madera” escribió, con no disimulado dejo de ufanía, nuestro artista líneas abajo en ese texto autobiográfico.
              Sigue el precioso documento con la infancia, y nos da todo lo que se ha podido conocer de esos años a los que tan parcamente se refirió siempre el artista. Volviendo la mirada a esas tierras altas donde la historia personal confina con la fábula y el cuento, ha escrito: “Desde pequeño gustaba habilitar prismas en función de algo - hacer juguetes en diversos materiales - de preferencia la madera. Gustaba pintar en las paredes y en todo lugar que me atraía para expresar mi inquietud, mi vocación de artista”. Y de allí saltó al título “La  formación académica


Este dibujo pertenece a su estadía en el Brasil, y, su forma particular de captar y plasmar su imagen mental en el papel.

Esta es otra una muestra de su pintura de la mujer


Su incursión en el realismo social.

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