La pareja bebió, sin tener conciencia de lo que en realidad bebía, el elixir preparado por la bruja que tenía encomendado enamorar a la joven pareja a tal punto que, como dos tortolitos, no quisieran, ni pudieran separarse el uno del otro.
Jamás podría imaginar una vida como la que he llevado hasta ahora, sin ti, Elena.
Yo no podría decir menos, cariño mío.
Vamos, bailemos, que no importe que en este pueblo nos miren mal y no hablen de igual modo.
Encantada, mi corazón estaría a punto de salirse de mi pecho si no disfruto a lado de mí ser amado.
La bruja, que se ha transfigurado en gata, corre hacia los pies de los enamorados y se mezcla entre ellos, los envuelve y agarra con su cola; pero no por feliz con su obra, sino para dejarlos al borde de otra obra suya.
Encantada bailaría toda la noche contigo sin cansarme. (Al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, parte de su cuerpo se transfiguraba, desde sus hombros hasta sus rodillas, en un naipe)
Sí, no pararíamos hasta que el cuerpo mismo por el cansancio y la falta de energía se desmaye y se desplome sobre esta tierra que nos vio nacer. (Su cuerpo también se transfiguraba en un naipe, la bruja había triunfado)
Anda mi amor, bésame, bésame como si nos despidiéramos, y haz que tus labios me hagan sentir ese extrañarme, ese deseo de completitud que sientes hacia mí, porque solo tus besos me hacen sentir viva.
Te amo, Elena.
Los labios del amante se juntaron y alargaron a hacia adelante para que puedan tocar a los de su amada, al mismo tiempo que su cuerpo se inclinaba hacia ella, y, ella lo veía y lo esperaba.
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